
Desde inicios de los años 90’ que diversas instituciones y actores del sistema político han estado reflexionando en torno a la baja participación política de la población juvenil, y en particular con respecto al bajo nivel de inscripción en los registros electorales de las personas jóvenes que están en edad de votar, sin embargo no se evidenció cambios sustanciales. Mucho ruido y pocas nueces.

De acuerdo con la 6ª Encuesta Nacional de la Juventud, dada a conocer en 2010, un 6,3% de las adolescentes tienen hijos, lo que equivale a 92.853 jóvenes entre 15 y 19 años, siendo el 65% de los embarazos adolescentes de los sectores más vulnerables de la población y sólo el 2% de los embarazos son de padres de niveles socioeconómicos más acomodados (ABC1).

Muchas veces reclamamos que las autoridades no se preocupan de realizar actividades culturales y recreativas. Cuando las efectúan y la población no sabe de ellas, el acto es como una burla.

Ya nos resulta trivial, la educación en nuestro país es mala y los jóvenes salen a defender y proteger una esperanza de algo mejor. Los temas suenan insistentemente y ya todos decimos: no al lucro, no a la comercialización de un derecho, no más excesos en los cobros, no más endeudamientos abusivos, educación de calidad y gratuita… y tantas otras frases que en ocasiones las confundimos con un cliché. El ideario colectivo que compartimos con la gran mayoría de jóvenes y las familias del país, traspasan la metrópoli, y los desbordes no se quedan en la capital, sino que trascienden a las regiones y provincias. Son nuestros colegios los que entran en conflicto reclamando, sugiriendo, decidiendo, aplacando. Por “la mala educación” engendramos violencia, discutimos, nos herimos, nos descalificamos, nos dividimos, nos separamos. Se ponen los compañeros en conflicto, los padres con sus hijos, los padres entre ellos, se desconfía de los directivos, se desafían las autoridades.
Proyecto de ley, iniciado en moción de los honorables senadores señores Letelier, Bianchi, Cantero, Escalona y Quintana, que prohíbe aportes estatales a entidades que persigan fines de lucro en la educación, se voto este miércoles.

Consciente de que los principales problemas actuales de la sociedad chilena distan mucho del tenor de este escrito, creo, a pesar de ello, que es bueno aprovechar el clima de peticiones que, tal vez, alguien escuche y atienda.

Por enésima vez los súbditos de Jaime Gajaebbels rechazaron los anuncios del Gobierno, que si bien no representó gran novedad para quienes leemos algo más que los titulares, si para la población general resulta reveladora la situación, ya que finalmente se devela que la porfía de los muchachos se sustenta y justifica por un deseo más bien transformista que perfeccionista del sistema.

Cada cierto tiempo nos estremecen noticias sobre adultos mayores abandonados que sobreviven en condiciones precarias y sin los cuidados necesarios. Esta semana la conmoción vino de la mano de un incendio en una residencia de adultos mayores en Cañete, que dejó nueve personas muertas, varios con daños en su salud y una comunidad alarmada por esta tragedia y sus consecuencias.

La torpeza de autoridades y agitadores, desafiándose entre sí, ha sumergido a millones de compatriotas en un clima asqueroso, donde la multiplicidad de argumentos (por ser generoso con quienes hacen uso de la prensa) hace imposible administrar los sueños y expectativas de nadie.

Una vez más agradecemos esta oportunidad para entregar una visión distinta de visibilizar la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres incorporando en la agenda pública las problemáticas que afectan a la mujer y a la familia.